EL CABALLERO DE WIMBLEDON

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Terminó una edición más del Torneo de Wimbledon y el común denominador en este elegante certamen deportivo radicó en las sorpresas que dejó el mismo.

Roger Federer se presentaba no sólo como el favorito sino como el amo y señor del torneo. Wimbledon debería incluir la imagen del suizo en su logotipo gracias a los grandes momentos que el ex número 1 del mundo ha regalado a quienes han tenido la oportunidad de verlo de cerca en su hábitat, en su territorio, en su mejor superficie. Sin embargo el suizo cayó sorpresivamente en apenas la segunda jornada.

Antes de eso, la campanada la había dado Rafael Nadal quien rompió todos los pronósticos al ser eliminado apenas en la primer jornada. El español había tenido un regreso más que triunfal en la gira de la ATP y sus victorias en Brasil, Acapulco, Indian Wells y Roland Garros, suponían que Rafa iba a ser un duro contrincante. Al final, el de Manacor no pasó del primer cotejo.

En damas las sorpresas fueron aún mayores, las favoritas al título incluidas Serena Williams, Maria Sharapova, Caroline Wozniacki, Victoria Azarenka y Ana Ivanovic no pudieron aspirar al menos a la final del torneo. Entre derrotas y lesiones, las damas no pudieron hacer válidos los pronósticos y la final terminó en manos de dos “desconocidas” que no figuraban entre las candidatas a ganar el trofeo.

Al final del camino quienes compraron un boleto para la final de mujeres vivieron una aparente decepción. Sin la presencia de grandes estrellas en la cancha, los aficionados tuvieron que conformase con un partido mediano y sin grandes renombres. La francesa Marion Bartoli ganó por primera vez en Wimbledon al derrotar a la alemana Sabine Lisicki y de pasó acceder al TOP 10 de la WTA al ocupar el séptimo sitio del mundo.
Sin embargo la mayor recompensa del torneo llegó para los locales en la final de varones, pues desde hace 77 años, un británico no ganaba Wimbledon y hace un año Andy Murray los había hecho soñar al quedarse en la orilla y perder la final en contra de Federer. Las lágrimas de 2012 en el rostro de Murray se hicieron presentes de nueva cuenta en esta edición de 2013. Sin embargo el semblante era completamente distinto. Murray logró revolucionar a toda la isla. Inglaterra completa, desde Escocia hasta Londres pasando por Gales e Irlanda. Desde la Reina de Inglaterra hasta Mr. Bean. Todos los británicos estaban pendientes de la coronación de un nuevo Sir.

Andy Murray puede dormir confiado y tranquilo de que en los próximos tiempos recibirá su nombramiento como caballero, como Sir, como ciudadano distinguido, como un digno campeón británico de Wimbledon.  Murray derrotó en la final a un Djokovic que llegó más en alma que en cuerpo luego de la larguísima semifinal que disputó con Juan Martín del Potro. Y con lágrimas en los ojos no sólo del propio tenista sino de todos los espectadores que se creían atónitos ante tal suceso nacional, la Isla completa vibró de emociones. El río Támesis perdió su habitual calma y la euforia de todo el país convirtió el río en aguas salvajes.

Que Viva la Reina, que Viva Londres, que Vivan los Beatles, que Vivan las Spice Girls, que viva David Beckham, que viva Kate Middleton, que Viva Wimbledon, que Viva Andy Murray.

franco